Los
mutton
por María Belén Esayán
1º B
Colegio Santa María de los
Ángeles
Algo inesperado sucedió
cuando volvía de mis vacaciones de verano a mi casa ese 3 de
Febrero. Al llegar a casa me encontré con algo que jamás hubiera
imaginado: los mutton, una raza de extraterrestres de aspecto muy
desagradable ; por su boca salía una sustancia gelatinosa que
destruía y aniquilaba todo lo que tocaba. Yo estaba con mi hermano y
al vernos ellos quisieron destruirnos desde un principio, también
decían algo que yo no lograba entender, ni mi hermano, algo de una
piedra. En ese momento lo único que pensábamos era en escondernos,
en escapar de ellos. Bajamos al lugar de refugio que tiene mi casa,
ya que en ese lugar hay muchos huracanes. Pudimos detener la puerta y
ellos no pudieron entrar, aunque lo intentaron quedaron fuera.
Intentamos calmarnos con mi hermano, yo recordé un libro que había
comenzado a leer en mis vacaciones, uno que me regaló una mujer en
la playa. Recuerdo perfecto la primer parte del texto… “Si vas a
seguir leyendo este cuento, si así podemos llamarlo, ten en cuenta
que tendrás que someterte a muchísimas aventuras, tan terribles e
inimaginables, que jamás podrás creerlas”… Este libro hablaba
de unos extraterrestres y una piedra que buscaban, con la cual se
apoderarían del planeta, porque revivirían a su dios, el más
fuerte e increíble (para ellos)… Pero no, eso era absurdo. Los
mutton seguían intentando entrar, mientras mi hermano muy
desesperado me preguntaba qué podíamos hacer, yo seguía
recordando.
-No, no puede ser -grité-
tengo que encontrar ese libro.
Comencé a buscar en la
mochila que tenía, pero no estaba. En eso, mi hermano sacó un libro
de su bolso, y me preguntó si era ese, yo dije que si muy alterado y
le pregunté si lo había leído.
-Sí -me dijo.
¡Claro! Por eso ambos
estábamos sometidos a lo mismo, a la misma aventura. Tenía que leer
el final del libro, ya que mi hermano no había terminado de hacerlo.
Comencé a leer, necesitaba saber donde encontrar esa piedra. Decía
que se encontraba en el lugar menos esperado, en un cofre, muy
cercano a una persona.
-Cofre, cofre…
-pensaba.
-El cofre que está en la
cocina, el que era de la abuela, hay un colgante allí, que tiene una
piedra azul -dijo mi hermano.
Había que llegar a la
cocina, pero cómo, con los mutton afuera no iba a ser fácil.
-¿Cómo podemos llegar a
la cocina? -le pregunté a mi hermano.
¡Claro! La cocina tenía
una compuerta que llevaba al refugio, solo teníamos que realizar el
camino inverso.
Comenzamos a caminar, al
llegar a la cocina, estaba repleta de mutton que buscaban la piedra.
En eso, llegó mi mamá y como por arte de magia ellos
desaparecieron. Con mi hermano, creíamos que eso pasó porque como
no había leído el libro, no estaba sometida a ninguna aventura.
Salimos rápidamente a buscar el cofre, pero mi mamá no quería que
toquemos esa piedra, decía que era muy valiosa… Teníamos que
esperar a que se vaya para agarrarla, pero no, ella no se podía ir,
si lo hacía seguramente aparecerían los mutton. Cómo podíamos
hacer…
Le dijimos que solo la
queríamos llevar al refugio, porque nos habían dicho que iba a
haber otro huracán y queríamos protegerla, no le pareció una idea
descabellada y accedió.
La llevábamos con mucho
cuidado, de los mutton hasta ese momento, no había señales, pero
por las dudas, aseguramos la puerta del refugio.
Seguí leyendo el libro,
decía que había que destruir la piedra, porque al hacerlo ellos se
extinguirían… No pensé más y rápidamente le dije a mi hermano
que había que destruirla. Probamos de todas las maneras posibles,
pero la piedra no se destruía.
Mientras mi hermano
seguía intentado, yo seguía leyendo el libro, decía que “la
sustancia” la destruiría. Por eso comenzamos a tirar cualquier
tipo de sustancia a la piedra, de las que encontramos en la reserva
del refugio.
-¡Los mutton! -gritó mi
hermano.
Habían entrado al
refugio, teníamos que escondernos o nos destruirían.
Comencé a gritarle.
No podía dejar que mi
hermano muriera, necesitaba hacer algo.
Pero, por causa del
destino, jamás pude llegar donde estaba él, siempre que estaba por
hacerlo, en el camino me sucedía algo, las cosas más absurdas, o
caía o me golpeaba, o lo que sea.
Mi hermano los seguía
provocando, diciéndoles que si querían la piedra fueran a él. Pero
los mutton no se atrevían a largar su sustancia y matar a mi
hermano.
En ese momento comprendí
todo, que ingenioso había sido mi hermano.
Logré llegar donde él
estaba y comencé también a provocar a los mutton.
Entró otro mutton y como
no vió la piedra que tenía mi hermano en su mano, simplemente tiró
su sustancia.
Él rápidamente, me
empujó, así no me pasaría nada…
Como era de esperar el
murió y logró destruir la piedra, en ese momento todos los mutton
se extinguieron.
Llegó mi mamá, jamás
logró entender, cuando yo hablaba nadie me creía, los médicos
jamás pudieron decirle a mi familia de qué murió mi hermano. Pero
a mí nadie me escuchaba, porque decían que estaba loco. Y aquí
estoy, después de un tiempo, me internaron en un psiquiátrico y
aquí sigo… No sé cuál será mi futuro.
Lo único que les digo,
es que les voy a dar un gran consejo y no lo desperdicien:
si alguna vez
encuentran un libro llamado “Los mutton” que al principio
les advierte lo que les sucederá, no lo lean, solo el más valiente,
se querrá someter a algo así.
Pero yo estoy satisfecho,
logré con mi hermano salvar al planeta, lo sé… Lo sé… Yo sé
que no estoy loco.
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